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Segundo hijo: 5 cosas que nadie me dijo

Que las madres de revista no existen, ni las de instagram, es algo que ya os he contado. Sin embargo, me temo que la maternidad idealizada es algo que aún predomina. Supongo que en cierta manera porque se habla mucho de lo bonito y feliz de tener un bebé, pero no tanto de aquello que resulta duro o no tan “de cuento de hadas”. Hace un tiempo decía aquí abiertamente cómo a veces no disfruto ejerciendo como madre. Sin embargo, nunca me había parado a hablaros del lado menos idílico de ser bi-madre. Me he dado cuenta de ello hoy, cuando al abrir mi correo, me he encontrado el tercer email en una semana escrito por alguna lectora que acaba de tener su segundo hijo y le está resultando complicado. Me pedían consejos, sugerencias… Algo que no me gusta mucho dar, porque cada familia es un mundo y cada experiencia personal única y difícil de extrapolar. Sin embargo, sí creo que hay cosas de un segundo hijo que nadie me dijo antes de que naciera el mío y que me hubiera podido ayudar el conocerlas. No tanto porque iban a hacer que las cosas fueran más fáciles, como porque me iban a liberar de esa preocupación o sensación de estar fallando por no ser una madre super feliz, con una familia aún más feliz, tras el nacimiento del segundo bebé.

 

1. Las rutinas saltan por los aires.

Llegar a casa con un segundo bebé podría compararse, en algunos aspectos, con traer una bomba. ¿A qué me refiero? Especialmente a las rutinas y patrones ya establecidos en casa, y que con la llegada del nuevo bebé saltan por los aires. Es evidente que cuando hay un bebé en el hogar, los horarios y todo en general tiene que girar en torno a él de alguna forma. Pero claro, cuando ese bebé no es el único niño en casa y las rutinas ya establecidas -que tan importantes eran para el hermano/a mayor-, se quiebran, la armonía y paz familiar a ratos peligra. Ya no recuerdo los tiempos exactos, pero diría que en nuestro caso tardamos entre uno y dos meses en volver a instaurar nuevas rutinas, adaptadas a los cuatro. Y ese momento en que las nuevas rutinas ya estuvieron establecidas marcó un claro antes y después para los cuatro en cuanto a calma, disfrute y armonía en casa.

2. Tu yo “no maternal” es anulado por completo temporalmente.

Estar todo el día en pijama no tiene problema. Llevar el pelo de cualquier forma y no tener ganas de arreglarse o preparar la casa para tener visitas es normal y nadie debería criticarlo. Si cuando te estrenas como madre sientes que apenas tienes tiempo para ti, cuando te conviertes en bi-madre ese tiempo para ti misma se ve reducido a su mínima expresión en un inicio. Cuando no es el bebé quien te reclama, es su hermano/a mayor, o será alguna de las otras cosas que tenías pendientes de la casa o de otros asuntos. Sea como fuere, tu yo “no maternal” es posible que se vea anulado por completo de forma temporal. Puede no ser fácil de llevar, pero si lo ves como algo temporal y que cambiará en un poco, puede que te haga sentir menos agobiada creo. El hecho de que las rutinas salten por los aires, como comentaba antes, es un factor que incide en gran medida en esa anulación de tu yo “no maternal”.  Por eso, en cuanto las rutinas se vayan re-estableciendo también tu espacio personal es posible que mejore. Date tiempo y elige pijamas que te gusten, para que disfrutes sin problemas con ellos puestos el día entero 🙂

3. No hay dos niños iguales. Hay de nuevo una madre primeriza.

Sin duda, con la bi-maternidad tienes algo más de experiencia como madre, y hay cosas que dominas mejor que cuando tuviste tu primer bebé. Sin embargo, hay otras muchas cuestiones en las que serás tan novata como la primera vez. Porque no hay dos bebés iguales, y puede que lo que con el primero te funciono con el segundo no resulte. O porque haya cosas que no viviste en tu primera maternidad que te toque pasarlas en la segunda. Por tanto, esa idea de “ya no soy novata, esto estará fácil” es mejor no tenerla muy afincada en la cabeza, para no llevarnos sustos o un disgusto después. No hay dos niños iguales, y lo más probable es que tú seas bi-primeriza más que una madre llena de sabiduría y saber hacer 🙂

4. Los juicios y críticas no cesan y, además, se les suman las comparaciones.

Si creías que con el segundo niño ya las sugerencias del tipo “¿has probado a…?, ¿no crees que igual sería mejor…?, yo en tu lugar haría…,” o las críticas más directas, disminuyen, me temo que no. No solo eso, sino que además se les unen las comparaciones. “Fíjate que su hermano/a… y en cambio este…” es una frase que se repite frecuentemente en la bi-maternidad. Y tú, que estás cansada, no has recuperado rutinas, y no tienes tiempo alguno para ti, al escuchar esas frases puede que sientas aún más dudas o miedos de si lo estarás haciendo bien o mal. La realidad es, creo, que lo mejor para tus hijos eres tú y poco a poco irás descubriendo el camino que mejor os va a los cuatro (o cuantos seáis).

5. Todo pasa, las rutinas acaban volviendo, y la felicidad se multiplica, no por dos, sino por infinito.

Y lo más importante: antes o después, con un poco de paciencia, algo de apoyo familiar o de amigos si se puede, y mucho amor y comprensión hacia unos y otros, todo pasa. Todo. Sí, aunque los primeros días o semanas te parezca que aquello es un túnel sin salida y te preguntes “¿qué he hecho?”, te aseguro que verás la luz. Cuando las nuevas rutinas se establezcan, es posible que esa luz empiece a asomar. Y lo mejor de todo es que en el momento en que todo ese caos inicial pasa, no es que te des cuenta que la felicidad se ha multiplicado por dos en casa; es que verás que la felicidad se multiplica por infinito. Ahora se disfruta viendo crecer a cada hijo, pero además se disfruta viéndoles compartir y evolucionar juntos, sintiendo cómo la familia cobra otro significado siendo ya más de tres,…  Todo pasa. Pide ayuda si necesitas al principio. Desahógate sin culpa con quien puedas. Date tiempo para disfrutar de las cosas y recuperar rutinas. Todo pasa. Y la felicidad de ser uno más en la familia será entonces lo más increíble del mundo.

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6 Comentarios

  • Responder Ines Enero 28, 2016 en 7:42 am

    Hola, yo añadiría un punto: las relaciones entre los miembros de la familia.
    -la mamá (y/o papá) y el hijo número 1 puede cambiar porque Se pasa (de alguna manera u otra menos tiempo ‘juntos’).
    -la relación entre hermanos.
    -La relación entre los padres!
    -La relación de la mamá (y/o papá):Aprender a conocer Al bebe.

    Cada vez somos más y por tanto el tiempo Se tiene que repartir entre cada relación… Y menos tiempo para nosotros mismos, para tareas de casa..,, MENOS tiempo 🙁 Pero más intenso 🙂

  • Responder Víctor C. Enero 28, 2016 en 4:07 pm

    Hola!! Soy bi-madre desde hace casi tres meses…y totalmente de acuerdo…Es una bonita locura y más si se llevan poco ( las mías 20 meses). Nadie te dice, además, que si quieres salir tendrás que empezar a arreglaros al menos dos horas antes si no quieres llegar tarde o que te cierren las tiendas. Que el llanto es contagioso…tanto que si están las dos llorando a pleno pulmón tú acabarás llorando también. Que cuando una acaba de dormirse por la noche, la otra se te despierta. Que eres tan fuerte que podrás tener a cada una en un brazo… es cuestión de armarse de muuuucha paciencia y no alterarse…si no estarás perdida… Pero todo lo “malo” se olvida con una sonrisa de la pequeña, un te quiero con achuchón de la mayor y miradas de amor del bueno entre mis dos pequeñas…Qué más se puede pedir??

  • Responder molinos (@molinos1282) Enero 29, 2016 en 9:09 am

    Pocas cosas han hecho más daño a la maternidad que la mitificación e idealización de tener hijos. Se ha idealizado tantísimo que cuando luego te encuentras con la realidad “el golpe” es tan duro que genera muchísima más angustia y frustración que si desde el principio pensáramos en la maternidad como todo en la vida, con sus cosas buenas y sus cosas malas.

  • Responder CRIS Enero 29, 2016 en 9:56 am

    Pues no estoy muy de acuerdo… y soy madre de tres! Y sí que en cada uno el tiempo se va poniendo complicado, los nervios suben y que las relaciones cambian. Pero para mi, cada vez estoy más segura, no escucho ningún comentario y tengo más claro como lo quiero hacer.
    En definitiva, ojalá de la forma en que veo la maternidad ahora, como la encaro y como la disfruto, la hubiera tenido con el primero!
    Y aunque no tengo tiempo para mi, llevo pelos de loca (por todo el cuerpo…jiji), y ya no sé cuantos años hace que no duermo 4 horas seguidas, disfruto y cada vez más y mejor de ser madre.

  • Responder Lupe Febrero 3, 2016 en 7:55 am

    Bravo por el post…a mi “el golpe” me ha venido con la segunda desde luego! Siendo 3 era coser y cantar y el hecho de re-adaptarnos a 4 nos ha costado (y todavía nos cuesta) bastante. Claro que hay momentos que compensan… pero telita! y que conste que soy una persona optimista y positiva… Pero la realidad es así…como dice Moli.
    Besos guapa

  • Responder Elb Febrero 18, 2016 en 3:10 pm

    Cuanto me hubiese gustado leerte hace casi cinco años, cuando tuve a mi segundo hijo. Cuanta razón, y sobre todo lo más importante que todo pasa y llega la normalidad. Gracias.

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